Contextos arqueológicos: El puerto de Sanitja. Sanisera

Vista panorámica del pequeño puerto de Sanitja

El yacimiento arqueológico de Sanisera se localiza alrededor del puerto natural de Sanitja, junto al Cabo de Cavallería (Mercadal), el cual se encuentra en la rocosa costa septentrional de la isla.

Cap de Cavalleria es una península que apunta hacia el Norte, cuyo extremo oriental se llama Punta Llevant, un acantilado de 89 metros de altura coronado en su cima por un faro construido en el siglo XIX; y cuyo entrante más importante es el Puerto de Sanitja. La parte oeste del puerto consiste en una sub-península alargada, cuyo elemento más característico es una torre de defensa inglesa del siglo XVIII, situada en su extremo Noroeste. Cerca de esta costa, se encuentran dos islotes que actúan de rompeolas. A su vez, la parte este presenta unas características muy similares a las del oeste, y donde se encuentra S’Almadrava, una casa para el refugio de pescadores también del siglo XVIII. Además, hacia el sur del puerto se localiza una antigua cantera de calcárea dolomía y un horno de cal, posiblemente del siglo XVIII o XIX. Todos estos elementos dan una idea al visitante de la importancia de este puerto que, pese a sus pequeñas dimensiones, en comparación con otros en la isla, ha constituido siempre un reclamo de diferente naturaleza a lo largo de la Historia.

Los restos del conjunto monástico vistos desde el otro lado del puerto

Como se acaba de apuntar, las construcciones arriba mencionadas vislumbran la importancia de este puerto, demostrada por su topografía, puesto que presenta las condiciones idóneas para la entrada y fondeo de embarcaciones, además de resguardo en condiciones de viento del norte, la tramontana. El puerto, con dirección Sur –Sureste, tiene una longitud de 800 metros y una anchura de unos 150-200 metros, y su entrada está flanqueada por la Isla de los Porros y un escollo a modo de brazo rocoso de unos 200 metros del extremo norte de la península de Cavalleria, que quedan unidos a pocos metros de profundidad bajo el agua, creando una especie de barrera natural que amaina el oleaje cuando hay temporal o sopla la tramontana. Estas condiciones han sido determinantes para muchos de los pueblos que se han asentado, de forma más o menos continuada, en este lugar; desde que el ejército romano, el cual, durante la conquista de las Islas Baleares en el 123 a. C., decidió establecerse en este emplazamiento como enclave estratégico militar. Un objetivo parecido fue llevado aquí más tarde, cuando el ejército británico, que ocupó la isla durante buena parte del siglo XVIII, construyó la torre de defensa, seguramente alentados por las condiciones estratégicas del lugar, como también demuestran los numerosos búnkeres de la Guerra Civil Española.